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Shunco - 2º parte

El montecito de chañares -curioso oasis- se limita  a una superficie no mayor que media hectárea.En esta estrecha porción de tierra los chañares se amontonan,  y al no poder extenderse por falta de espacio, crecen curiosamente delgados y altos, buscando el sol. En el borde de la isleta los arbolitos parecen detenerse como ante un abismo, recuestan sus troncos hacia atrás y adelntan las ramas que parecen brazos buscando un apoyo para no caer ante el empuje de los otros.
Shunco comenta:
-Los chañares juegan a la gata apretada.
Y sonríe luego de su ocurrencia.
Él y Tanshu sombrean también en el montecito, tendidos en el suelo limpio, apisonado y sin una hierba por constante pisoteo de las ovejas y cabras que diariamente acuden a protegerse del ardiente sol.
Juegan al tatetí en el improvisado tablero hecho en la tierra a punta de espina de vinal. Los partidos se suceden sin comentarios; de vez en cuando echan una mirada a las ovejas y cabras que rumian tendida en el suelo, entrecerrando los al viento norte. Las ovejas, esquiladas hace poco, han perdido su belleza al perder el vellón y tienen un aspecto ridículo que hace recordar vagamente al dromedario, por sus cuellos pelados que parecen ahora más largos.
Delga la hacienda, ¿será que los campos de esta zona están  demasiados cargados de ganado?, pues por la estación del año que transcurre no debiera estar así. ¡Ah no! Olvidamos que la seca es prolongada...
Las cabras no parecen resentirse por la escasez de pasto y van aguantando la mala época. Bueno, ya sabemos que más busca-vida y que en el monte son capaces de comer hasta la cáscara de los árboles.
"Tigre" -más nombre que perro- desparrama su tedio cerca de los muchachitos; jadea suavemente, lengua afuera, para salir de su modorra al lanzar un tarascón a los moscas demasiado confianzudas que pretenden explorar los interiores de su nariz. No se molesta en rascarse las pulgas y su sarna crónica. ¿Para qué?...Forman parte de su cuerpo. Si alguien dijera que no es así, no lo creería: él siempre las tuvo..., desde que nació debe ser. Su pelaje -colores de  difícil descripción- denuncia una rama genealogica de sinuosidad imposible, en la que seguramente participan todas la razas caninas del mundo. Pero él no se incomoda ni se enorgullece por esto y lo lleva con la misma soltura con que porta sus pulgas, su sarna crónica y su hambruna, crónica también.
Esta su hambruna lo convierte en el insospechado dañino nocturno de los ponedores de gallinas que desparraman por los alrededores de las casas vecinas. Cuando cachorro, un tiro de escopeta cargado con sal le enseñó  a aullar con ganas. Mientras se lamía las heridas, comprendió que el robo es cosa penada y que no debía hacerlo..., que no debía hacerlo sin tomar precauciones más extremas. Y así, sin ser viejo, tiene la experiencia del dolor (o del ardor, como se quiera). Y este depredador profesional comete sus fechorías con limpieza admirable y sin exponer demasiado su querido pellejo.
Pastor desde cachorro, no es de acercarse así no más a la majada, porque tratándose de sus ovejas "Tigre" muerde primero y ladra después.
De vez en cuando levanta la cabeza pesadamente, echa un vistazo y deja que sus ojos se pierdan un momento en la lejana caldeada; deposita luego suavemente la cabeza sobre una pata para volver a su sabrosa modorra.
Los changos continúan la silenciosa partida, moviendo alguna de sus tres semillas de chañar Shunco y los trocitos e loza Tanshu.
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2 comentarios:

  • La candorosa dijo...

    Gracias por seguir compartiendo esta obra deliciosa con nosotros...

    Shunco, en verdad ¡¡hermoso libro!!

    ¡Saludos!

    Anónimo dijo...

    shunco muchas gracias por compartir este escrito tan hermoso besos carlos

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