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X,Y,Z


En todo análisis de un sistema que se encuentra en movimiento y en el que se quiere determinar, velocidad, aceleración o tiempo de repuesta a determinados factores que puedan modificar su recorrido, lo fundamental es definir cual sería su punto de referencia. Donde se encuentra el observador, dentro o fuera del sistema de estudio. O sea definir sus ejes (x,y,z) y determinar cual es su espacio de trabajo. Porque como todo el mundo sabe cualquier variable externa puede modificar o influir sobre los resultados finales.

Uno estudia en física modelos "ideales". Por ejemplo cuerpos que se mueven sobre una superficie sin rozamiento, sin pensar que el simple hecho que la presión de la atmósfera en determinadas condiciones cambiarían el resultado final. Por lo tanto, una cosa es analizar un modelo IDEAL y otro cuando se empieza a estudiar este mismo modelo considerando las principales variables externas (roce, gravedad, etc) que influirían en el resultado.

¿A que viene todo este lío de palabras? A que me dí cuenta que a mí me pasó eso.
Cambie los ejes de referencia. El observador cambio de posición. Las variables del entorno se modificaron. Y obtuve otros resultados. Me sirvio para ver la misma experiencia desde otra perspectiva, bajo otras condiciones iniciales, y el resultado final.
El resultado de la experiencia, fue mucho más satisfactoria bajo ciertas condiciones. El objetivo fue cumplido. Mis expectativas del experimento final, me reconfortaron.

Hoy me recibí de Dra. en Física.

la esperanza es el sueño del hombre despierto (Aristóteles) - la Dueña a cara lavada

Canción de amor y oficina

Te ví desparecer bajo la tormente,
camino de tu trabajo, muy de mañana.
¿Quién fuera lluvia en tu abrigo
dejando a tu paso coronas de agua?

Bostezas soñando soles, playas desiertas.
Te asalta un telefonazo.
¿Quién fuera brisa del aire acondicionado
que eriza tu vello en la oficina?

Vuelves a casa y alteras mis planes
y los andamios de La Latina.

Se que afuera un incendio de plumas y brea
tiñe de cenizas los techos del mundo.
Dejad un instante que olvide mis deudas.
Si el planeta estalla, que nos pille juntos.

En las zanjas de Madrid buscan un tesoro
que esconde un dragón dormido bajo tus pies.
¡Qué torpes e ingenuos son!
Yo tengo el tesoro:
duermo con él.

Esta noche te he de dar los besos pendientes,
así que pide día libre en el trabajo.
descuelga el teléfono,
cierra las persianas
a cal y canto.

Abro una botella y llamo al "chino"
y lo celebramos por todo alto.

La vida a veces te invita una ronda,
te guiña los ojos, concede una tregua
Quizá solo dure un este sueño,
pero, sin duda, habrá merecido la pena.

Letra y música: Ismael Serrano.-


Así como puede ser Madrid, puede ser Santiago del Estero o Buenos Aires.
Creo que no será en la noche del domingo (aunque me encantaría) tal vez será el lunes (todavía no se a que hora) pero seguramente estarán todos los besos pendientes.
Como la vida me está invitando un trago, yo acepto, porque tal vez durará un sueño y no voy a perder esta oportunidad de soñar, antes que me despierte.


y si se viene?

¿Qué pasaría si Marcos, llegaría a mi pago?
Disfruten a un chango bien santiagueño y latinoamericano:
"Raly Barrionuevo - Oye Marcos"

a cada paso que doy...una realidad diferente

Según dice la chacarera: "los domingos santiagueños, no es un domingo cualquiera, hasta sol viene saliendo con ritmo de chacarera..." No se si saldrá con ritmo de chacarera, pero que sale con fuerza y quema que da calambre, eso si sé.
Hoy me levante con una imagen que me quedó grabada en la retina desde el viernes y no quería dejarla pasar, porque creo que merece aunque más no sea un mención en el blog.
El viernes a la mañana, mientras esperaba mi turno, en la cola del Banco francés (que dicho de paso es más lerda que justicia argentina) miraba a la gente a mi alrededor. Es una costumbre que tengo, para pasar el tiempo, observo a las personas, si puedo escucho sus conversaciones (chusma yo, nooo?) pero es un deporte de bajo riesgo que practico como observadora pasiva de la realidad. Y encontré a tres mujeres, ya señoras, que se notaba que no eran de Santiago capital, si no del campo. Parecía que acompañaban a sus respectivos padres a cobrar un cheque.
Le llego el turno a la primera de ellas. Fue a buscar a su madre, y apareció una típica anciana del campo santiagueño. Bajita, de cuerpo encorbado, rostro arrugado y quemado por el sol. Un pañuelo tapaba su cabeza. Su hija la ayudaba a caminar, llevándola hasta la ultima. Su hija era una mujer menuda, vestida de remera y jean, cabello corto, de una 40 y pico.
Cuando llegaron a la ventanilla de la caja, se notaba que hablaban con el cajero y la hija le pedía algo al cajero. Entonces el dice:
- No se haga, problema, ya lo llamo al guardia.
- RAMÓN! grita el cajero.
Llega el guardia intercambian una palabras con el cajero, y Ramón se dispone a su tarea. ¿Qué pasaba? Ninguna de las dos sabía ni leer ni escribir. El guardia le tenía que endosar el cheque y la viejita poner su huella digital para firmar el cheque.
Al mismo tiempo, en el otro extremo de las hileras de cajeros, la que correspondía a la caja de clientes, estaba un señor ya mayor, muy bien vestido, elegantísimo con traje y bastón. Y a los gritos le pedía la clave para acceder a su cuenta corriente.

De pronto me agarró una desazón tan grande, ver a esas dos mujeres a esta altura del partido, analfabetas y en el otro extremo al viejo pituco.

Si alguien quisiera representar lo que en la Argentina significa la brecha entre ricos y pobres, esa hubiera sido un magnífica fotografía. Y uno se pone a pensar que cuernos, hace el estado con toda esa gente que tiene derecho a saber leer y escribir y te da una impotencia.

Al mirar a la viejita, pensaba en mi abuela. Yo no tengo abuela o no la conocí. Mi abuela materna era del campo, mi abuelo tenía obraje, mi madre nació ahí. Y ella me sabía contar que mi abuela andaba en sulki, con el perro corriendo al lado. Esa imagen me quedo plasmada, aunque jamás la alla visto. De mi abuela, solo conozco un pañuelo que mi madre atesora, un pañuelo muy parecido al que llevaba en la cabeza la pobre viejita del banco.

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Now playing: Raly Barrionuevo - Ey Paisano
via FoxyTunes

soy una changuita* y quiero mi mochila de Pucca


Ya se que después de lo de Caparrós esperaban...algo más a su altura, pero es que hoy quiero ser una changuita, salir a jugar y llevar una mochila de Pucca.
M
e ha dado nostalgia de todo lo que uno puede disfrutar siendo niño.A todo esto, mi hermano me hizo el siguiente comentario:
-Estás peor que changuita! ya te he dicho.. deciles que te bajen la dosis, porque te pega mal!!


Jajaja!
Y puede ser!...O será que hoy no me quiero hacer cargo de nada, solo disfrutar sin consecuencias, como un chico.Tendría que haber por lo menos un día al año en que cada uno podría ser así.


Espero oir propuestas...¿a que jugamos hoy?



* pa' los extranjeros changuita/o: palabra de origen quichua que significa niña/o.

Nota al pie: acabo de defraudar vilmente al sr. de la anécdotas, con este post. Pero todos tenemos un día malo prometo en la próxima ser más inteligente y a la altura de las expectativas.

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Now playing: Ismael Serrano - Nana para un niño indigena
via FoxyTunes

69: EL CHUPETIN SIMULTANEO

Eran tiempos extraños: los hombres creían que todo lo viejo debía desaparecer: que nuevo era la condición de bueno. En esos días el mundo estaba lleno de novedades: todo empezaba a ser distinto y los hombres, por momentos, se asustaban ante tanto cambio. Entonces les buscaban justificaciones en la historia lejana. Suele pasar: los hombres, para lanzarse a los desconocido, necesitan alguna garantía -y el pasado es una de las mejores. Así que la Revolución Francesa -su esencia, sus modas, sus nombres, sus excesos- buscaba su legitimidad en historias de griegos y romanos. Por eso aquel panfleto de Jean Marie Valdoup causó tanto revuelo.
La discusión había empezado dos años antes. En julio de 1791 París sufría el calor y Luis XVI ya estaba preso: lo habían arrestado cuando intentaba fugarse de su reino.
-¡Compañeros, el traidor de Capeto ha caído en la prisión que nos preparó a todos nosotros!
-¡A la horca, a la horca con él!
-No, a la guillotina, que es mucho más fashion.
Un rey encarcelado por el pueblo era tanto más de lo que cualquiera habría esperado, y los oradores políticos inflamaban las esquinas: Marat,Danton, Desmoulins. Así que los primeros paseantes que escucharon las diatribas del abate Rougemont supusieron que nadie le haría caso, que su causa era insignificante.
-¡Ostias, de nuevo el curete majareta!
El abate Rougemont había sido un cura libertino, antes de volverse un revolucionario severo, tan ateo; intolerante. En esos días, la revolución era un fiesta pero, como todas, tenía un ala moralista que trataba de aprovechar la situación para purificar costumbres: -Junto a los insultantes manjares que sirvieron, durante siglos, para llenar las bocas de los nobles, otra forma -aun más contranatura- de llenárselas nos llegó de Italia, en el equipaje de esa prostituta real, María de Medici, cuando vino a casarse con el sangriento monarca Enrique IV.
Decía el abate, con aquella prosodia de cura de colegio: -Todos ustedes saben que me refiero a ese número nefasto, a esa imposible herencia de los malditos reyes, a ese enrosque que nuestros hombres y mujeres, contrarevolucionarios impenitentes...
Los paseantes sabían, y se miraban divertidos: atacar, en semejante circunstancias, la practica sexual que los franceses de entonces llamaban 69 parecía una broma menor. Pero el abate no se daba por vencido: su argumento era bueno, ajustado a la época. Todo lo real debía quedar atrás. Con documentos falsos, con insistencia verdadera, terminó por convencer a muchos: si "semejenate aberración sexual había sido introducida en Francia por ella". Nadie sabía cómo contradecirlo: la llegada de María de Medici databa de casa trescientos años antes, y no estaba claro si era cierto que, junto con el tenedor y otros refinamientos culinarios, sus italianos impusieron también ese enredo casi gastronómico que había hecho furor entre los franceses, al punto de convertirse en su estandarte sexual. Probablemente la historia fuera falsa, pero cualquier orador sabe, desde siempre, que basta con una parte de verdad bien ubica para que la mentira contigua pase por verdadera.
La prédica del abate Rougemont se difundió más allá de cualquier expectativa: los jacobinos, el ala izquierda de la revolución, prohibieron a sus seguidores la práctica del chupetín simultáneo y estos militantes, a su vez, se encargaron de seguir en sus trece. Junto con el uso de la flor de lis, los títulos de nobleza y otros símbolos del Antiguo Régimen, la práctica del 69 fue, en algunos casos, causa suficiente para cárceles y destierros.
La confusión, en cualquier caso, fue mayúscula, y hay historiadores que sostienen que la caída en desgracia del 69 fue origen del aumento de nacimientos que se registró en esos años. Otros le atribuyen una mejora en importante en las técnicas abortivos.
-Es que uno anda como perdido, sin brújula, sin norte, y algo hay que hacer...
Sabiendo lo duro que resultaría para el pueblo francés la prohibición del 69, los jacobinos propusieron cantidad de piruetas sustitutas: el arte erótico recibió, gracias a la involuntaria colaboración del abate Rougemont, un impulso importante, del que todavía somos tributarios. Muchas de nuestras figuras actuales se originaron en esa prohibición. Pero aún así el abandono del 69 era por lo demás, como una imposición que había visto por lo más revolucionarios como un sacrificio por la causa, por lo demás, como una imposición que había que soportar: todos, sin distinción, lo lamentaban. Hasta que Jean-Marie Valdoup tuvo su idea casi obvia, casi genial.
Jean-Marie Valdoup era un oscuro escribiente con más pretensiones que posibilidades, casado oscuramente con la hija de un comerciante de hijos, y tenía treinta y siente años oscuros cuando entendió que la única respuesta posible del veto del abate consistía en usar sus mismas armas. En mayo de 1793 Luis XVI ya había sido ejecutado y los parisinos lo extrañaban mucho menos que al chupetín perdido. Por eso recibieron con tal algarabía la publicación de la Denubncia de un eengaño puritano, que Valdoup había hecho imprimir en dieciséis hojitas toscas.
En ellas, Valdouop explicaba que el 69 venía practicandose, con el mismo nombre y las mismas características, desde la antigüedad clásica y que cualquier tentativa de adjudicarle su paternidad una reina era un acto contra revolucionario. Y que, por lo tanto, su practica era plenamente lícita, políticamente correcta, justificada por la historia. Valdoup sostenía su afirmación con citas de poemas de Catulo -en las que proponía de Lesbia que se revolcaran "mi boca contra tu boca falsa,/la tuya contra mi lengua falsa,/ en un 69 como miles"-, del Arte de Amar de Ovidio -que detallaba las friegas con que los amantes podían sazonar sus partes antes de practicarlo- y de Plauto -en una de cuyas comedias, Las Calladas, las mujeres de una ciudad se negaban a practicar el 69 mientras sus hombres no firmaran la paz con un ejército enemigo. E incluso había incluido, para colmo de verosimilitud, un comentario astuto: su extrañeza de que el Satiricón de Petronio no lo nombrara nunca: "A buen seguro -decía- las páginas perdidas de ese libro maestro rebosan de cuerpos atornillados en la cifra".
Fueron días de alborozo. Jean-Marie Valdoup conoció una fama tan desproporcionada como efímera, y el chupetín recuperado se convirtió en el tema del momento. En las calles de París todos se jactaban de su práctica, la celebraban, discutían maneras. "Ahora sí-decía Valdoup- la revolución podrá dejar de comerse a sus hijos".
Recién en febrero de 1795 alguien -la historia no registra su nombre- empezó a predicar contra la Denuncia de una historia imposible, y mostró lo evidente de su engaño: los romanos jamás podrían haber llamado 69 al famoso chupetín por la simple razón de que 69, en números romanos, se escribía LXIX. Estaba claro: era la semejanza del dibujo de esa cifra con el trazo de los cuerpos en acción. Y nada en el número LXIX hacía pensar en ese acto.
-Si seremos pazguatos, nom de dieu!
-Pazguatos, si, pero lo bien que la pasamos.
Muchos se sintieron avergonzados y exageraron en sarcasmos e ironías: les dolía, sobre todo, haber creído algo tan tosco un gacetillero- y no sabían qué hacer para escapar de su verguenza. El nombre de Jean-Marie Valdoup fue borrado de casi todos los registros: lo comparaban con aquel Eróstrato que quemó el templo de Diana en Efeso para que la historia lo evocase y que fue condenado por sus compatriotas -sin éxito- a que nadie nunca recordatçra su nombre. Pero, en realidad, estaba tranquilos: a esa altura el gobierno revoluvionario jacobino había caído -y con él el antimonarquismo más furioso: el hecho de que el 69 hubiese sido o no introducido en el país por una reina ya no significaba su rechazo. Por eso pudieron darse el lujo de ser agudos, autocríticos: tantas veces la condición de la inteligencia es que no importe.

Del libro BINGO! cien panfletos contra la realidad de Martín Caparrós



Me pareció un texto muy interesante, educativo, y gracioso. Lo que hace el ser humano por seguir normas establecidas y sobre todo para no ser considerado con falta de compromiso político. En cuantos momentos históricos de nuestros paises vemos cosas sin sentido!

PD:esto se lo dedico a Checho Fry Jr.

Ça commence avec toi…

Non, Je ne regrette rien

Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal
Tout ça m’est bien égal
Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
C’est payé, balayé, oublié
Je me fous du passé

Avec mes souvenirs
J’ai allumé le feu
Mes chagrins, mes plaisirs
Je n’ai plus besoin d’eux
Balayés mes amours
Avec leurs trémolos
Balayés pour toujours
Je repars à zéro

Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal
Tout ça m’est bien égal
Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Car ma vie
Car mes joies
Aujourd’hui
Ça commence avec toi…


No, no me arrepiento de nada. Ni el bien que me han hecho, ni el mal. Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada; no, no me arrepiento de nada.
Está pagado, barrido, olvidado. Me da lo mismo el pasado. Con mis recuerdos yo prendí el fuego
Mis tristezas, mis placeres ya no tengo necesidad de ellos.
Barridos mis amores con sus trémolos barridos para siempre.Vuelvo a partir de cero.
No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada.Ni el bien que me han hecho, ni el mal. Todo eso me da lo mismo. No, nada de nada; no, no me arrepiento de nada. Pues mi vida, mis alegrías hoy comienzan contigo…


No quiero arruinar con algún comentario, esta hemosísima canción interpretada por inigualable de voz de Edith Piaf. Cuantas veces habremos sentido eso...

Así pasan mis mañanas con DADY 790

Y como es viernes, y ya viene el fin de semana, posteo algo con onda! Los Palmeras,(no me comprare un CD de ellos, pero para las fiestas es infaltable! Aguante Los Palmeras y la birra!!) en el programa de Dady Brieva por Radio Mitre.

Este es un programa radial escucho mientras trabajo, además de informarme objetivamente y de morirme de la risa me acompañan diariamente. Un día mande un mail...y me lo leyeron! Después les cuento porque vale un POST.

Buen fin de semana, no se porten mal y si lo hacen...INVITEN!!

Para Luis Javier



Suelo recordar a mi padre siempre lo cantaba, y espero que en verdad lo cantara: no hay más caprichoso que las maneras de recordar a un padre. Supongo que sí lo cantaba, porque no puedo inventarlo tanto, pero me resulta sospechoso que el baño en el que se afeita y canta, ahora, en mi recuerdo, mi padre, no es el baño de ninguna casa en que vivimos. Es si acaso, un baño del recuerdo, y allí es donde mi padre canta, sigue cantando, con su voz española, que con el 5º, 5º, 5º, con el 5º regimiento, mi madre yo me voy p'al frente, para las líneas de fuego. Por suerte no se iba: yo todavía no estaba preparado para eso. Uno nunca está preparado para eso.
-...y el 18 de julio, / en la puerta de un convento, /el partido Comunista / creó el 5º Regimiento...
- Papá, papá: ¿por qué en un convento, si eran comunistas?
- Porque en esos días todo estaba cambiando, morocho, todo el tiempo.
Mi padre tenía ocho años cuando le estalló la Guerra Civil. Sus padre orillaban los 49 y eran madrileños, progresistas, prósperos: una vida hecha, que una mañana empezó a deshacer por el anuncio de un general rebelde. Mi padre tenía 8 años y al principio esa vida cambiada le pareció excitante; después entendió que el ruido de los cañonazos era un signo de muerte y aprendió a asustarse. También aprendió a tener hambre: muchas noches toda la cena eran unas cáscaras de papa servida en opípara vajilla toledana. Mi padre tenía 8 años y un mastín que se llamaba Caireles y no le tenía miedo a nada salvo a las bombas: un día en un bombardeo Caireles desapareció, y mi padre nunca quiso creer que se había muerto. Es difícil creer que alguien o algo se haya muerto.
En la Guerra Civil Española, por supuesto, hubo cientos de miles de muertos, pero parecía que tantas cosas quedaban vivas todavía. La Guerra Civil estaba tan clara: un gobierno legítimo, votado por millones, que habían echado a un rey e instalado una república, era amenazado por una pandilla de generales derechistas y retrógrados, que se alzaban en nombre de Cristo Rey y las tradiciones seculares. La Guerra Civil parecía tan clara: millones de jóvenes de todo el mundo llegaban a Madrid para protegerla de los ataques fascistas. Eran tiempos en que una idea podía defenderse en cualquier frente, y así se formaron las Brigadas Internacionales. La vida y la inteligencia estaban claramente de parte de los republicanos, y uno de lo generales sublevados, manco y tuerto, lo gritaba con una consigna aterradora: "¡Viva la muerte! ¡Mueran los intelectuales!".
- Tuvo el mérito de la franqueza, ¿no le parece?
- Es cierto. Cuántos querrían decir lo mismo pero no se atreven.
La
Guerra Civil Española parecía tan clara: alguien la definió, mucho después, como la última guerra justa. Es cierto que lo era y es cierto también que tenía a su disposición uno de los grandes aparatos de difusión del siglo XX: la cultura de izquierda. Durante buena parte del aquel siglo era difícil ser intelectual y no ser de izquierda: la cultura era de izquierda por definición, porque la cultura buscaba el cambio, la renovación y la izquierda, supuestamente, también. Eran alianzas fuertes, tranquilizadoras y por eso en el imaginario del mundo, aquella guerra quedó sintetizada en canciones y en la efigie de un poeta fusilado. Aunque, cuando empezó la guerra, García Lorca se haya ido a su casa: los aparatos de difusión no reparan en esos detalles, y tampoco son importantes. No desmienten que, en aquella guerra, los poetas estaban claramente en uno de los bandos.
-Caparrós, ¿no le parece que se me está poniendo un poco melanco?
-No, no se crea. Tengo, a veces, cierta nostalgia del futuro. Nada que no se cure con el tiempo.
Era -parecía- una guerra justa, pero ahora mi padre canta en ese baño que está en ninguna parte, y que nunca estuvo en Madrid sino aquí, en el país en el que sus padres y él tuvieron que exiliarse porque la perdieron. Fue duro cuando descubrí que las guerras justas también podían tener resultados injustos: la derrota, digamos.
Fue duro, pero fue hace años, y yo entonces seguía creyendo-muchos seguíamos creyendo-que esas guerras justas perdidas no eran más que batallas en una gran guerra justa que terminaríamos por ganar. Era un idea, y ahora está eclipsada. Ahora nadie cree que la justicia de un objetivo sera garantía de ningún tipo de éxito. Más bien al contrario: son épocas difíciles.
- García, ¿que son esos gritos que no cesan? Ni aquí en hospital le dejan a uno tranquilo.
- Generalísimo, es el pueblo, que viene a despedirse de usted.
- Vaya, por Dios. ¿ Y a donde van?
La Guerra Civil Española tardó muchos años en terminar de terminarse, pero el Generalísimo Franco tardó mas años en morirse así que al final cuando el aceptó lo inevitable, ella ya había quedado muy lejana. Por lo cual los españoles prosfranquistas hicieron un pacto de olvido y perdón -el miso que después le reprocharon a Chile, por ejemplo- y decidieron que era bueno tener un rey. Un rey es un dinosaurio medieval y es una renuncia a cualquier abstracción simbólica: casi un chiste de gallegos. Como si los habitantes de un país no pudieran imaginarse el Estado en abstracto, la patria, y tuvieran que poner una persona para que lo represente. Entonces encontraron a un ñato que sería para eso porque su abuelo había servido para eso-una calificación indiscutible- y le pusieron una corona en la cabeza y por eso, se creen muy modernos y nos dan lecciones.
Así que si guerra civil quedó más o menos olvidada:¿cómo contar que los mismos socialistas que ahora eran monárquicos habían peleado y muerto para acabar con la monarquía? no era fácil y, además, ahora nos convencieron de que la violencia no era una buena forma de resolver los conflictos políticos. Es, sin duda, un suerte.
El problema es que los conflictos siguen, la miseria sigue, la explotación sigue, y no parecemos saber cuál es la forma. Tenemos que inventarla, supongo, y no resulta fácil, en todo caso, no será escuchando cancioncitas españolas como podremos conseguirlo, O sí, vaya a saber.


Este capitulo del libro BINGO! del escritor y periodista argentino Martín Caparrós, se lo dedico a Luis Javier, con mi más sentido respeto y cariño. Para que sigamos alimentando, opiniones, debates, ideales y contracciones desde cada lado del océano.
Con afecto, su fiel servidora La Dueña (Fa!)