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Shunko (3º parte)

Shunko debe tener diez años; no los representa, pero debe tenerlos. Su cara morena. que puede ser algo más clara cuando mañana se lave para ir a la escuela, tiene rasgos ligeramente mongólicos. Sus ojos rasgados y renegridos son de una mansedumbre que enternece; la boca grande, labios carnosos, muestra al reír unos dientes blancos y perfectos.
Lleva una camisita -porque en realidad se puede conocer entre los remiendos- que muestra en alguna zonas la piel de su cuerpo moreno y delgado. El pantalón de tela gris tiene parches de colores varios y va sujeto por una tira de género que cruza por el hombro en bandolera. El sombrerito de paño, deformado por el uso y sin cinta -no porque no la tuviera de origen- cubre su cabeza, dejando ver mechones del cabello lacio y renegrido.
Anda "en pata"; sus pies anchos, de piel gruesa en la planta son a prueba de espinas y no han conocido la prisión de otro calzado que las alpargatas...cuando las tiene.
Está echado de bruces, mueve sus piezas después de pensarlo bien y queda a la espera de que juegue su contrincante, mordiscando una ramita de chañar.
Su "contrincante! está recostado de lado; cuando sonría, veremos por sus dientes, en cambio, que debe tener unos seis años. A pesar de que sus rasgos son otra cosa, tienen un común con los de Shunko un no sé qué, seguramente lo que se llama aire de familia, y deducimos que son hermanos. No nos detendremos a describir su cara, porque es una carita toda ojos, un par de ojos grandes y negros, su entrecejo ligeramente fruncido le da expresión de tranquila tristeza o asombro. Bueno, diremos también que su labio superior, un poco levantado como si lo tironeraran desde la nariz, mantiene su boca ligeramente entreabierta; parece que le costara trabajo cerrar el hociquito. No sabemos cómo es su cabello porque lleva atada la cabeza con una toalla, a la manera de nuestras campesinas. Su cuerpo es delgadito y delicado y sus pequeños pies -cuyos dedos gordos han cavado pocitos en el suelo- están descalzos.
Nuestros pequeños amigos se han aburrido de su juego; Shunko pasa la mano sobre el tatetí, borrando las línea y desparramado las piezas; lanza un bostezo, estira un poco los brazos y recuesta la cabeza sobre el antebrazo, cierra los ojos y mueve las piernas arrastrando en el suelo los dedos de los pies, que marcan dos lineas curvas; luego queda quiero, adormecido.
Tanshu se incorpora, guarda en el pequeño bolsillo de su vestido lo trocito se loza y se va por entre los chañares.
Shunko también se levanta y sacude la ropa llena de tierra, se sienta luego respaldándose en un chañar. Arranca del seulo terrones que va arrojando obre "Tiegre", quien después del primer sobresalto queda nuevamente quieto, se levanta pesadamente, se sacude todo produciendo una pequeña nube de polvo y meneando lentamente la cola se acerca, recostándose al lado de su pequeño amo.
Shunko tiene la mirada perdida en la lejanía, levanta puñaditos de tierra que derrama sobre el lomo de "Tigre", que lo deja hacer.
Cuando se mira al campo, el reverberar de la luz produce la ilusión óptica de un mar de agua; esto hace recordar a Shunko la época del bañado, cuando el agua "era uno solo" hasta donde alcanza la vista.
Entraban al agua a caballo, llevando en las "arquilla" tarros que volverían repletos de huevos de gallareta, de pato, de tero.. ¡Qué ricos son los huevos cocidos en la ceniza o en el agua!
Su  tata entraba al bañado en Idaco, llevando boleadoras y escopeta, y volvían ñuñumas, uispilles, utikishikis, ochogos (1)... Cuando piensa en los pichobnes de ochogo el estómago se le encoge voluptuosamente y recordando a los pájaros, se asoma la copla:
Kheñalo buena comida,
Ochogo mucho mejor,
pero ande entra wakhanchito
ya no hay comparación
Pero el recuerdo del ochogo le persigue y viene otra copla:
Ochogo kunkan suni (2)
runtitu celeste,
cero cucharita
mishky porongo
Él también ha participado en cacería de ochogos pichones, en calidad de carguerito, y entraba con los cazadores montando en la yegua zaina. Los hombres no llevan armas de fuego, van sólo provistos de "flecha" -especie de lanza hecha de una caña fuerte, en cuya punta, enclavada en un tarugo de madera, hay una varilla e acero aguzada y con lengüeta; lanza que se una para pescar-. Los pichones son muertos a chuzazos en los nidos construidos sobre árboles dentro del bañado, o cuando tratan de escapar intentando un vuelo del que aún no son capaces.
La yegua zaina solía llegar a gatas a la orilla, por la enorme carga de muchas docenas de ochogos que pesan hasta un kilo cada uno. Asados a la parrilla, con sólo un poquito de sal...Shunko aspira suavecito el aire y estira la nariz procurando "alcanzar" el aroma e asado a punto..¡Qué alegre es el campo cuando viene el agua!


Cuanta razón tiene Shunko,  ¡qué alegre es el campo cuando viene el agua!...lástima que aquí se hace rogar. Como dice el cantor:
En mi pago cuando llueve/siempre nos llueve lo justo
cuando me vaya pal cielo/vu’ hacer llover a mi gusto.


Hay que rogarle a TATA DIOS que nos traiga mucha lluvia para que el campo se ponga verde.

Ay!!! Si yo fuera río....


Nota al pie:
(1)Ñuñumas y wispillos. Dos especies de patos silvestres, comunes en los bañados.
Utkishiki. Macacito o zambullidor.
Ochogo. Viguá.

(2)Ochogo cuello largo/huevito celeste/cucharita de acero/ "porongo" dulce.




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2 comentarios:

  • Calavera dijo...

    Sigo leyendo esta novela tan... sencilla, lindaza, cantora y criolla. Linda.
    Muchas gracias, Duenñita, por acercarla.

    La candorosa dijo...

    Que lindo que nos siga regalando estos fragmentos de esta obra tan bella!!!

    Shunko, al leerlo, nos atrapa el corazón!!

    Abrazotes!

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