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DIAS DE GLORIA


Era mil novecientos y algo, caminabas por la oscuridad con el miedo de que alguien nos golpeara de pronto. En realidad todos teníamos ese miedo. Aunque se suponía que tendríamos que temerle a la muerte, el que hacia de jefe de nuestro pelotón estaba muy nervioso, sabia que si cometía un error pagaría el doble…me arrepentía de estar ahí estaba lloviendo y hacia frió. Porque mi familia estaba llena de héroe, porqué quise seguirlos, porque no era mas valiente y me los metía al bolsillo y dejaba esta tortura. Lo único que me entretenía era recordar los juegos de niños, cuando jugábamos a los soldaditos, pero ahí había comida y agua caliente siempre, aquí solo barro lluvia y malos ratos.
Encontramos un sendero, perfecto para ser emboscados, pero debíamos pasar por ahí. Diecisiete años y cagado de miedo. Pero esto no es real, pensé, disparos, explosiones, una bengala, ¿qué mierda pasa? la adrenalina a full la lógica se perdía. ¡¡¡¡EMBOSCADAAAAAAA!!!! Las trazadoras cubrieron el cielo como luciérnagas a reacción, surcando el cielo, encendiéndolo. Las detonaciones a nuestro alrededor nos remecían como grandes. Truenos…miedo…miedo y sudor frió, algunos salían corriendo, tirando sus armas y atalajes, desaparecían entremedio de la hierba, otros corrieron hacia el bosque pero ninguno volvía. Aborigen y yo nos quedamos en el suelo, junto al comandante de pelotón, delante de mi el hombre radio miraba la escena como si la hubiese vivido mil veces
Nos arrastramos para salir de ahí, el show pirotécnico seguía, la plata de los contribuyentes se perdía. El destello de una ametrallador Bren nos indicaban hacia donde no debíamos ir. En las películas era divertido, emocionante, todos queríamos ser John Wayne en “las arenas de Iwo Jima” o El mayor Reisman en “los Doce del patíbulo” pero aquí no era como las películas, era una mierda. Seguimos arrastrándonos hasta una roca, creo que era la única en kilómetros, levante la cabeza y ahí estaban los hombres del pantano moviéndose furtivamente, una bengala ilumino el terreno. Desaparecieron, como monstruos de la imaginación al alumbrarlos con una linterna, nadie disparo ninguna salva, nadie seria tan estúpido de delatar la posición. Nuestros “amigos”, desesperados, comenzaron a gasear el campo, el humo lacrimógeno empezó a cubrir la llanura, la idea era encontrarnos por nuestro carraspeos o esperar que escapáramos para dejarse caer. Nos cazaban como a insectos “fumigándonos”.
Seguimos arrastrándonos, nuestra tenida verde oliva ahora era negra barrosa y nuestros fusiles FAL parecían un palo con fango, alguien tendría que pagar la limpieza de los mecanismos. Pasaron varios minutos seguíamos con temor, ahora oíamos gritos de desesperación, el único que no se inmutaba era el hombre de la radio, los gritos se alejaban. Oscuridad. El silencio vino acompañada de una extraña sensación de tranquilidad, una hora después comenzamos de nuevo a caminar, pero éramos menos, estábamos solos caminando por la pampa, hambre, pena, frío y extrañamente sed fue la dinámica de la larga caminata.
Llegamos al punto de reunión ahí supimos lo que les paso al resto, pero no pensábamos en ello, llegamos allí y solo queríamos descansar. Habían llegado muy pocos. Pudimos dormir ahí el resto paso una noche haciendo ejercicios y otros en un hoyo como “prisioneros de guerra” tagarnas y “vende patrias” les gritaban, que mierda era eso no lo se. En el maldito parapeto esperando el amanecer. Se acercaba el deseado amanecer y me preguntaba: ¿será así la guerra?, la única sangre que había visto eran la de mis codos y las que había vomitado Franchin cuando el Sargento Primero le pego un combo en el estomago o cuando pasamos por la cancha de arrastre y surcamos muchas tripas, viseras y una cabeza de un cordero.

Dolor; por las llagas que dejaba el atalaje, las ampollas de los pies, la garganta seca e inflamada y el combo el la cara que me dio el Mayor Kong por hablar en la fila, ¿cómo seria la guerra me volvía a preguntar?. No, no creo que lo quiera averiguar.

“Señores…días de gloria los esperaran en el fragor del cómbate” gritaba el Mayor Kong, mientras empuñaba su pistola Colt. Era un hombre con mil historias y una mano pesada, historias que marcaban su cuerpo, una cicatriz en su rostro y la mitad de una oreja, eran files testigo que este hombre no mentía, terrorífica imagen ser testigo de su presencia. Antes del amanecer desarmamos todo, salimos de ahí con un cielo oscuro, tétrico, mientras las bogotas alumbraban el camino y el mas tranquilo seguía siendo el hombre de la radio. Nos reunimos con el resto, habían sido 60 días de juegos macabros, 60 días de muchos pesares, nos reunieron a todos y caminamos en perimétrica mientras retornábamos a la civilización. El Teniente Nixon siempre nos hacia cantar una canción y esta no fue la excepción “Who's the leader of the club that's made for you and me? M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E”, Pensaba en como estarían en casa los muchachos, el boliche, mi novia “Hey there. Hi there. Ho there. You're as welcome as can be.M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E. Mickey Mouse. (Mickey Mouse) Mickey Mouse. (Mickey Mouse.)


”La verdad quería disfrutar, queria irme de Joda con alguna moracha otros tenían la esperanza de conocer en la hermana de Dazza o la tía de Salgado y pegarse el gran revolcón que todos esperaban al salir de esta mierda “ Forever let us hold our banner high HIGH HIGH HIGH”
...Días de Gloria, recordado quizás por los que vengan, o por nuestros hijos y nietos que cuando pasen por esto se preguntaran lo mismo. Ahora la gloria fue el gusto del éxito y recordar que hay cosas peores de las que vivimos a diario, y de las otra espero nunca debamos vivirlas pues nadie odia mas la guerra que alguien que sabe mas o menos de que se trata y no es como en las películas…

de S.F. Alcayaga (foto del autor)

Es un relato conmovedor que creo se merece ser leido y expuesto. Dedicado a mi Feli, de una espía que se quiere apoderar de todos estos juegos de guerra para ponerlos en conociemiento del Estado Mayor del Ejercito de la REPUBLICA "IBARRISTA(*)" DE SANTIAGO DEL ESTERO.

(*)Juan Felipe Ibarra: Político y militar argentino (1787-1851). Peleó en la batalla de Tucumán y fue gobernador de su provincia natal, Santiago del Estero, desde 1820 a 1830 y nuevamente desde 1832 hasta su muerte. Secundó la política de Juan Manuel de Rosas, y en 1840 contribuyó a aplastar el levantamiento unitario de las provincias del norte argentino.

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