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Shunko, 4º parte.

<--Parte 3º
-¡Shunkoooooo......! - Tanshu lo saca de sus sabrosos recuerdos.
-¿Eh?
-¡Amui Shunko!  ¡Amui kaai, chilalo tian!
Shunko se levanta rápidamente y corre hacia la Tanshu que le grita desde le otro extremo de la isleta. "Tigre" lo sigue, olvidando también su pereza.
-¡Kaai kaaai! -le dice la chinitilla cuando llega-. Keipi tian.
Si, es un chilalo, ahí está la minúscula cuevita de la abeja, con el pequeño reborde de barro amasado.
Shunko busca en el suelo y encuentra un hueso puntiagudo. Se pone a cuatro pies (o a tres, mejor dicho, pues con una mano maneja su herramienta) y con la punta del hueso va marcando una circunferencia amplia alrededor del chilalo y comienza a cavar. Sopla dentro del hoyito que va formando trabajosamente en la tierra dura. Cuando tiene ya profundidad de unos diez centímetros, cava con mayor cuidado, soplando con más frecuencua para sacar la tierra floja y luego, delicadamente, extrae una a una las dos botijas de barro amasado, seco ya. Al incorporarse muestra las pestañas y cejas blanquedas como si hubiera estado haciendo amhka
Rompe las tapitas y saca de las minúsculas tinajas una bolita amarilla que la previsión de la abeja madre ha amasado con el polen y depositado junto al huevo microscópico.
Da una esferita a Tanshu y pone otra en la boca, dejando que al apretarla con la lengua contra el paladar la saliva la disuelva, saboreando el agrio dulzor que le inunda la boca.
Tanshu ha encontrado un tapacu; en éste, terminada su postura, la abeja ha cerrado la cuevita, quedando en el lugar de la abertura una pequeña depresión circular, como la impresión que deja el dedo meñique al posarlo suavemnte en la tierra suelta. Shunko saca cuatro tinajas que tienen ya pequeñas lavas del insecto, las separa y se comen, golosos, el resto del depósito.
El ojo hábil de los niños continúa encontrando chilalos y tapacus. Tanshu, que al principio hacía sólo de "exploradora", ya se ha arremangado, cava también con empeño, y continúan explorando así la pequeña mina.
Una bandada de torcazas se posa en los chañares pero al descubrir a los niños levantan el vuelo con ruidoso aleteo.
Se han cansado de cavar y comer. Guardan algunas botijas. En una de ellas que ha sido vaciada, Shunko sopla y del improvisado "pingullo" sale un agudo silbido.
Están sentados uno al lado del otro y conversan de lo que pueden conversar nuestros chicos pastores en ese dulce idioma que es el quichua. A veces Shunko habla en "castilla" frases integras. Es evidente su progreso en este idioma, pero no hace abuso de él, pues Tanshu suele quedar mirándolo sin comprender.
Sorprende a su hermana con sus conocimiento. e advierte la admiración que despierta en ella. La Tanshu cree en Shunko. ¡Qué lindo debe ser creer en alguien como ella cree en su hermano! Si Shunko le dijera que se tire de cabeza al pozo... pero no, no sirve el ejemplo, porque Shunko nunca le diría que tire al pozo.


Para amenizar este hermoso fragmento de amor fraternal les dejo la CHACARERA DEL CHILALO, de Don Fortunato Juárez, prócer del folclore santiagueño. Esta vez interpretado por La Juntada: " Raly Barrionuevo, Peteco Carabajal, Roberto Cantos y Julito Paz (Dúo Coplanacu)" .


NOTA:
Conversando con mi mami, ella que es tierra adentro conversamos sobre el chilalo. Para entiendan más, el chilalo es una especie de abeja (yo todavía no estoy segura si lo es o no), que hace una vasijitas de barro, donde aloja polen y miel.
Costumbres de mi tierra, cosas de changuitos del monte.




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4 comentarios:

  • Victor dijo...

    Que lindo todo esto. Saludos.

    La candorosa dijo...

    Gracias por seguir compartiendo la hermosa historia de Shunko!!

    Besotes!!

    La Dueña dijo...

    Víctor: hasta yo me sorprendo y me alegro de lo lindo que es el libro.
    Saludos

    La Candorosa: de nada Cando!!!
    Besos

    Calavera dijo...

    Cada vez me va gustando más. Muchas gracias, Dueñita, por acercarnos esto tan lindo.
    ¡Besos con huesos!

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